Alquería La Purísima

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Para poder reconstruir la historia de esta alquería, hemos tenido la inestimable ayuda de la familia Giner, los últimos moradores de la misma.

Podríamos decir que hasta finales de los años 90 del pasado siglo XX, esta alquería se situaba en medio de campos de cultivo. Sin embargo, debido al desarrollismo urbanístico, toda esta huerta y sus sendas y caminos han desaparecido, y la antigua alquería está situada en la actual Avenida de Valladolid, rodeada por altos y modernos edificios. Aunque no hemos encontrado documentos para datarla, se cree que su origen es del siglo XVIII o quizás anterior.

Según cuentan, la familia Sanchis Sales y sus descendientes vivieron en esta alquería durante el siglo XIX y a principios del XX. Se dice que en algún momento anterior se vendió o se donó a unas monjas. En 1960 la familia Giner Sánchez la compra a A. Greses Rubio que se la compró a L. Almenar Soler que la heredó de C. Almenar Soler en 1953.

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La propiedad estaba formada por la casa, una caseta con gallinero y un trozo de huerta. Hasta 1964 la planta de la Alquería era en forma de U y tenía tres escaleras de acceso a la primera planta. La familia Giner nos cuenta que existe una leyenda sobre la alquería que decía que debajo de una de las escaleras, se escondía un antiguo un tesoro. Su corral estaba abierto hacia la acequia de Rascanya y contaba con dos gallineros en alto.

El terreno de huerta que correspondía a la alquería, el padre de la familia Giner lo dedicaba a cultivar productos para casa. En toda la huerta de Benimaclet y, en general, de l’Horta Nord, había dos o tres cosechas al año. Se solían plantar patatas, chufas, cebollas, cacao y tabaco, entre otras cosas, según la temporada. En la alquería, además, también tuvieron animales a lo largo de su estancia allí: cerdos, caballos, toros, ponis, conejos, gallinas, pavos… incluso tuvieron una liebre que se llamaba Antonia, como mascota, sin contar perros y gatos que, como en toda casa de la huerta, eran habituales.

En aquellos tiempos las puertas de la alquería solían estar abiertas. Los niños campaban a sus anchas por el recinto. Tanto era así, que una de las hijas recuerda con una sonrisa como una vez la pillaron comiendo tomate escondida entre las tomateras. Otra de las hijas cuenta que: “Con tres terrazas y una habitación enorme, no hacía falta salir de allí”. Cuando llegaba marzo:- “Hacíamos fallas con cartones y trastos viejos y les pedíamos dinero a los labradores para poder comprar petardos” – recuerdan entre risas. En aquella alquería, era habitual hacer reuniones familiares y de labradores. Sentarse en la porxà (porche) a cortar las patatas para plantar, era algo habitual durante diciembre. En semana santa acudían allí otras familias, amigos y niños a celebrar las fiestas.

Entre los años 1964-1966 reformaron la alquería techando parte del patio, subiendo suelos, etc. Después de esta reforma, la planta baja se destinó a las labores del campo, garaje, almacén y cuadras, excepto una habitación que servía de despacho con salida al porche posterior. La primera planta se dedicó casi toda a vivienda y el resto a cambra (granero), donde se almacenaba la cosecha de la temporada, se secaban xufas, tabaco, etc. Sobre la vivienda había otra altura destinada a desván. En 1976 se techó una de las 4 terrazas.

A mediados de los 80 del siglo XX es declarada “Bien de interés histórico artístico” (ahora llamado “Bien de interés cultural” BIC), sin embargo, sólo hemos podido encontrar hasta el momento la ficha técnica perteneciente a la cerámica con la imagen de la Virgen de la Inmaculada Concepción, declarada como BRL (Bien de Relevancia Local). A mediados de los 90 del siglo XX, cuando las labores agrícolas decaen, parte de las cuadras de la planta baja se alquilaron a una empresa de jardinería.

En la redacción definitiva del PGOU (Plan General de Ordenación Urbana) aprobado en 1.988, los ciudadanos tuvimos la gran suerte que esta preciosa Alquería quedase catalogada como Edificio Protegido, salvándose así de su destrucción y desaparición, una vez que se llevase a cabo el PAI (Plan de Actuación Integral) de Orriols. Este plan fue aprobado en el Pleno Municipal llevado a cabo el 28-2-1997 y constaba de una superficie de más de 500.000 m2 y la posibilidad de construir 3.355 viviendas. La Asociación de Vecinos y Vecinas de Benimaclet (A.VV) siempre estuvo alerta para que la protección detallada en el PGOU fuese una realidad.

El PAI de Orriols afectaba a esta parte de Benimaclet (norte) con la consiguiente reestructuración de parcelas de huerta que serían utilizadas para otros fines. El padre de la familia Giner se estuvo reuniendo con otros agricultores también afectados por este programa. A todos ellos les ofrecían una cantidad económica por su casa y sus tierras pero desigual relación con los beneficios que iban a obtener de esos terrenos. Por ello, intentaron que todos fueran a una para salir igualmente beneficiados, pero la mayoría de vecinos aceptaron la oferta que se les había hecho y se fueron. Algunos se convirtieron en promotores, puesto que se quedaban con parte de los pisos que se construían.

La familia Giner no quiso acceder a la venta forzosa de su alquería por la ridícula cantidad que se les ofrecía y decidió luchar legalmente, primero para quedarse y más tarde para que no se les expropiara la propiedad. Por ello y hasta que desde el juzgado no se resolviera la situación, la familia Giner decidió no acceder al dinero que Espacios del Norte, que era la promotora del PAI, había puesto en una cuenta de hacienda.

Pero debido a la información proporcionada por el Ayuntamiento de Valencia a la A.VV (donde se afirmaba que la familia Giner había recibido una compensación económica ocho veces superior a la que realmente iban a recibir) y a la presión ejercida, a través de los medios de comunicación y otras acciones, en diciembre de 2001 se desahucia a la familia Giner Sánchez, mediante un expediente de reparcelación forzosa. Tanto a la familia como a la empresa de jardinería, que tenía alquilada parte del edificio, sólo se les concedió una semana de plazo para desalojar y vaciar la Alquería, así como para buscar otra vivienda y un local para almacenar sus enseres. Estaba a punto de llegar la navidad, y el padre de la familia estaba enfermo de Alzheimer. Pero nada de esto evitó que, rápida y forzosamente, tuvieran que irse a una casa de alquiler.

Ya en el 2.002, una vez casi finalizado el PAI, la A.VV solicitó al Ayuntamiento, y en concreto a la Concejalía de Bienestar Social, que el uso de dicha Alquería fuese para un Centro de Día para Personas Mayores, un servicio del que el barrio no disponía y era necesario. La solicitud fue aprobada pasando momentáneamente a manos de la Concejalía de Empleo para que, por medio de una Escuela Taller, se llevase a cabo la rehabilitación del edificio. El plazo aprobado para llevar a cabo tal fin fue de dos años. Para el año 2004 el edificio debería haber estado en manos de la Concejalía de Bienestar Social para que ésta llevase a cabo la instalación de todo el equipamiento necesario para inaugurar el Centro de Día ese mismo año. Sin embargo, desde 2004 hasta principios de 2010, no se hizo absolutamente nada y durante ese periodo el edificio sufrió deterioros en fachada, ventanas, etc. por lo que hubo que destinar un presupuesto de 30.000 € para subsanar dichos desperfectos. A finales de 2009 y tras una visita “a pie de obra” la A.VV tuvo conocimiento de que lo realizado por la Escuela Taller fue menos que nada, por lo que tuvo que salir a Concurso una nueva fase de rehabilitación de la Alquería. Las obras comenzaron a principios de 2010 y finalizaron en el otoño del mismo año, pero a pesar de ello el edificio aún estuvo más de un año cerrado.

Lamentablemente, después de haber desahuciado de manera urgente e injusta a la familia, aquella alquería estuvo sin uso durante once años. Hasta febrero de 2012 no se abrió como Centro de Día.

La A.VV mantuvo durante todo este tiempo multitud de reuniones con diferentes Concejalías y llevó a cabo diversas concentraciones, recogidas de firmas, etc. gracias a lo cual, hoy en día Benimaclet puede disponer de un importante servicio para sus personas mayores.

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